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Arranca en la Audiencia Nacional el jucio por terrorismo contra el asesino confeso de Diego Valencia

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El juicio contra Yassine Kanjaa ha arrancado esta mañana con la declaración del padre Rubén, el sacerdote que presenció el ataque mortal a Diego Valencia en Algeciras, que ha resaltado la «tranquilidad enorme» del presunto yihadista antes de iniciar la agresión con un machete. «Era como un espectro», ha descrito.
El sacerdote ha narrado cómo el templo de La Palma acostumbraba a lidiar con algún borracho o alguna persona buscando lío, pero nunca nada parecido a lo que vieron aquella noche. Además, puntualiza cómo el agresor tenía fijación por la víctima, «como una presa cuando está ya con un objetivo». El padre Rubén ha relatado también cómo sufrió un shock postraumático a raíz de los hechos, describiendo que durante un mes solo salió a la calle para celebrar la misa y después se encerraba «con llave en casa».
Yassine Kanjaa, ingresado en un centro psiquiátrico de forma preventiva y diagnosticado con problemas mentales, se enfrenta a una petición del fiscal de 50 años de cárcel por delitos de asesinato, tentativa de asesinato y lesiones, todos ellos de carácter terrorista. El acusado ha sido diagnosticado con un cuadro psicótico de probable filiación esquizofrénica, si bien se considera que la afectación de sus facultades intelectivas y volitivas, aún siendo severa, no era completa, por lo que la Fiscalía aprecia la eximente de anomalía o alteración psíquica como incompleta.
La Fiscalía reclama una condena a 50 años de cárcel. En concreto, el Ministerio Público pide que sea condenado a 25 años de prisión por un delito de asesinato terrorista, 15 años por otro delito de asesinato terrorista en grado de tentativa y 10 años por un delito de lesiones terroristas.
El Ministerio Público destaca que Kanjaa había «experimentado en los meses anteriores a la agresión un proceso de radicalización, asumiendo las tesis más rigoristas del islam, que defienden la incompatibilidad de esta religión con los principios y valores de otras religiones y la necesidad de actuar para favorecer su eliminación y la de los musulmanes que no siguen los preceptos de su religión».
El atentado provocó una conmoción en Algeciras y en toda España. Un duro golpe en el mismo corazón de la ciudad, de la que se fue reponiendo poco a poco y que ahora asiste al inicio del juicio contra el crimen irracional y abominable de aquel 25 de enero.